sábado, 16 de mayo de 2009

TRES MIRADAS SOBRE VALLE-INCLÁN

Ana Zamora, Salva Bolta y Alfredo Sanzol dirigen respectivamente a propuesta del Centro Dramático Nacional Ligazón, La rosa de papel y La cabeza del Bautista, tres de las piezas cortas que integran Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte de Ramón del Valle-Inclán. Han querido partir del misterio, huir de los lugares comunes y los prejuicios y preguntarse quién era Valle. En el Teatro Valle-Inclán de Lavapiés hasta finales de junio.

El gran director José Luis Alonso decía que “materializar sobre un tablado cualquier obra de Valle-Inclán es la labor más arriesgada con la que jamás puedan enfrentarse unos actores y un director". De misterio, de exploración hablan Ana Zamora, Salva Bolta y Alfredo Sanzol. ¿Quién es para ellos Valle-Inclán?

Alfredo Sanzol (La cabeza del Bautista). "Valle es un reto, no es un tópico. Siempre se habla de la fuerza plástica de su palabra, pero para mí el descubrimiento ha sido la acción, el subtexto en Valle, los huecos que hay en cada frase, en los que el pensamiento humano se mueve. Ese ha sido para mí el descubrimiento, siempre se habla de Chéjov como el maestro en este campo y para mí Valle está a la misma altura de dificultad y humanidad".


Ana Zamora (Ligazón). "Es uno de los grandísimos dramaturgos en castellano y se ha representado mucho menos de lo que se debiera. Para mí el reto era ver qué hay detrás de este autor más allá de tópicos que tú mismo te autoimpones. Yo con Valle me he entendido. He tenido una obsesión enorme: ponerme por debajo de él, que las ideas de dirección estuvieran siempre en función del substrato de su propuesta literaria, porque es muy literaria, y dramática, porque también es acción pura como decía Alfredo".


Salva Bolta (La rosa de papel). "Cuanto más la lees más te das cuenta de que lo que pide es imaginación; no está escrita para hacerla de una forma concreta sino de una manera misteriosa. El reto es encontrar ese código, si no es teatro naturalista ¿qué es? El vértigo ha sido intentar encontrar un código coherente que sirviera para el espectador de hoy. Y luego, si es posible, me gustaría que mantuviera el lirismo de todas las palabras, y que fuera un arma de revulsión. Valle era un activista, yo creo que escribió esta pieza para reventar conciencias, para que observáramos la vileza de la condición humana como algo propio".

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